A UNA ROSA

Flor de hermosura ideal
bella y delicada rosa
yo te contemplé orgullosa
en un jardín oriental.
Hubo un ser que comprendió
que admiraba tu hermosura
temerario te arrancó
en mi mano te dejó
y le miré con ternura.
Otra vez nos encontramos
y en memoria de la rosa
cariño eterno juramos
de amistad pura y preciosa
un santo lazo formamos.
Hoy tus hojas sin color
las contemplo y las bendigo
pues me dieron un amigo
que es una ignorada flor.

Amalia Domingo Soler.

 



¡MADRE!

¡Cuánto tiempo, madre mía,
que estoy viviendo sin ti!
Al perderte yo creía
que el dolor me mataría...
¡Y no ha sucedido así!
Se vive, aunque el corazón
quede roto en mil pedazos,
y la desesperación
de una terrible expiación
nos aprisione en sus lazos.
Se vive, aunque sin cesar
con desconsuelo profundo
no se haga más que llorar;
se vive, sin encontrar
quien nos ame en este mundo.
Se vive, porque vivir
es el humano destino;
se vive, para sufrir,
se vive para gemir
como errante peregrino.
Se vive, para saldar
las cuentas de nuestro ayer,
se vive, para esperar,
se vive, para soñar
las quimeras del placer.
Se vive, porque el dolor
nos centuplica la vida
como dijo Campoamor;
contemplando con horror
esta lucha fratricida.
Así, madre, yo he vivido
hace veintisiete años;
y como un ave sin nido,
por patrimonio he tenido
pesares y desengaños.
Hoy es la fecha fatal
que por mi mal te perdí;
y en este triste erial,
consagrada a mi ideal
y a tu recuerdo viví.
Hoy contemplo mi pasado
con tan profunda amargura,
que nueva vida ha tomado
lo que el tiempo había borrado,
¡Y hasta veo tu sepultura!....
La veo cubierta de flores,
después sola.... abandonada...
¡Cuántos, cuántos sinsabores!...
Pues sólo encontré dolores
en mi penosa jornada.
Tanto, tanto he padecido
que me alegré cuando inerte
quedó tu cuerpo dormido:
si tu vida fue un gemido...
¡Qué más dicha que la muerte!
¡Madre!, ¿por qué te escogí
para llegar a este suelo?
Tal vez porque comprendí,
que el amor que hallaría en ti
sería mi único consuelo.
Tú me amaste con locura,
con un amor tan profundo
con tan inmensa ternura:
que en tu vida de amargura
yo fui tu Dios y tu mundo.
Cuánto debiste sufrir
¡Pobre madre! Al despertar
Y mis lamentos oír...
¡Qué horrible será sentir
al que se ama sollozar!
Yo que dije al contemplarte
en tu lecho funerario:
¡Haces bien en disgregarte!...
Ya que has recorrido en parte.
Tu espíritu me veía;
y mi mayor alegría
es el estar junto a ti.
"Hace siglos que mi historia
voy escribiendo en los mundos;
mas sus páginas de gloria
son para mí tu memoria
y los recuerdos profundos".
"Qué conservas de mi amor
que nunca se acabará,
siempre te dará calor,
y te prestará valor
y al bien te conducirá."
"No lo olvides, hija mía,
no me apartaré de ti;
en tu progreso confía;
y en tus horas de agonía
yo haré que pienses en mí."
Sí, madre, yo pensaré
en tu amor grande y profundo.
Un mundo de perfección
donde el amor fraternal
no sea una amarga irrisión;
donde no exista expiación
sino armonía universal.
¡Cuánto tiempo, madre mía,
que estoy viviendo sin ti!
Mas renace mi alegría
al pensar en mi agonía
estás siempre junto a mí!
¡Siempre!..., ¡palabra bendita!
Siempre del progreso en pos
va todo aquel que medita;
¡siempre la vida infinita
en la grandeza de Dios!

Amalia Domingo Soler

 

DEL ALMA

Bajo un cielo transparente
de estrellas mil tachonado
donde rielando la luna
de los amantes el astro
va difundiendo en la Tierra
sus melancólicos rayos
se ve un jardín delicioso
nido de amor perfumado
cuyos paseos adornan
sus márgenes bordeando
las madreselvas, los tilos
los alhelíes y agigantos;
entre el espeso ramaje
se oculta un rústico banco
que una amorosa pareja
sus manos entrelazando
ocupa en aquel instante
ajena a todo cuidado:
el amor los acompaña
es del alma el fiel resguardo
y la luz que la ilumina
refractaria a los engaños;
sólo el astro de la noche
que contempla sus encantos
es el único testigo
fiel, discreto y recatado
que a los jóvenes amantes
protege desde lo alto.
¿Y así siempre tan unidos
por estos amantes lazos
resbalará nuestra vida
hasta llegar a su ocaso
ni que nada la perturbe
ni la envidia y sus amaños
ni los celos torcedores
nos claven sus fieros dardos?

Amalia Domingo Soler

 


UN RAYO DE LUZ

¿Qué nueva luz mi pensamiento hiere?
¿Qué nuevo aliento mi existencia anima?
¿Qué mágica esperanza me sonríe
que embellece las horas de mi vida?
¿Es quizá el amor plácido ensueño
que con un mundo de placer me brinda?
¿O la amistad me ofrece su consuelo?
¡Emanación de Dios pura y bendita!
¿Me prodigó la suerte sus favores?
¿Me dio tesoros, de sin par valía?
¿O la voluble fama en su entusiasmo,
dejó laureles en mi sien marchita?
No es del amor el delirante anhelo,
no es la amistad con su afección tranquila,
no es la riqueza con su pompa vana,
no es de la gloria la ilusión de un día.
Es otra luz que iluminó mi mente.
Ya mi razón no duda, no vacila.
Ya comprendo de Dios la omnipotencia,
y admiro su poder y su justicia.
Del porvenir el insondable arcano
y el misterio infinito se descifra,
en el momento que conoce el hombre
el continuo progreso de la vida.
Los mundos a los mundos se suceden.
Generaciones mil se precipitan,
que pasan cual fulgente meteoro
derramando a su paso la semilla
de un adelanto lento, pero eterno,
que a la virtud sublime inmortaliza.
¡Qué grande es del Señor la omnipotencia!
Todo en la tierra a su poder germina.
La destrucción no existe, no hay la nada,
el no ser lo forjó la fantasía...
Pluralidad de mundos y existencias,
forman universales armonías,
que para muchos hijos de la tierra
fueron , son y serán desconocidas.
¡Fatal dominación de la materia
que a tantos desaciertos precipitas!
¡Incansables obreros del progreso!
Arrostrad con valor vuestra fatiga;
sacad del celemín vuestra linterna
y que brille la luz de eterna vida.
Que comprendan los míseros mortales
que hay quien mira su llanto y su sonrisa;
que Dios nos da un amor inextinguible
y su misericordia es infinita.


Amalia Domingo Soler

 


A UN NIÑO

¡Pobre niño! Tú, al nacer
te fue ingrata la fortuna;
que abandonaron tu cuna
los que te dieron el ser.
Y de tu desgracia en pos,
fuiste la tierra cruzando,
y en tu orfandad, implorando
una limosna, por Dios.
Algunos te acariciaron,
y muchos te repelieron;
trabaja pues, te dijeron,
¿y por qué no te enseñaron?
Por intuición no hay saber,
es necesario enseñar;
y se tiene que sembrar
si se quiere recoger.
Han pasado algunos años
y hoy la caridad te llama,
y un colegio te reclama
para darte desengaños.
Que aun en la primera edad
el magnate de la tierra,
ya revela que en sí encierra
imperiosa voluntad.
Los niños, como eres pobre,
con desdén te mirarán,
y avaros, te negarán
lo superfluo que les sobre.
Cuando llegue un día de fiesta,
a todos los verás ir
que se van a divertir
y a jugar en la floresta.
Sólo tú te quedarás
mirándolos tristemente,
diciendo con voz doliente:
¡Madre...madre...! ¿Dónde estás?
Cuando tú sepas leer,
yo te daré un libro santo,
para que enjugues tu llanto
y cese tu padecer.
Lo reservo para ti,
que en las hojas de la Biblia,
tú hallarás esa familia
que no has encontrado aquí.
Tal vez con pena dirás:
"Me encuentro desheredado";
no es así, quien te ha creado
no deshereda jamás.
Porque ese Dios de consuelo
amor y justicia encierra,
y si algo niega en la tierra
es para darlo en el cielo.
Sólo su herencia retarda
a aquellos desventurados
que los mira dominados
por una pasión bastarda.
Por la envidia, cuyo afán,
al hombre lo precipita,
y tras su huella maldita
todos los crímenes van.
Al cielo le pediré
que no conozcas la envidia;
que aquel que con ella lidia,
pierde en el mundo la fe.
Y la fe es el gran tesoro
que enriquece nuestra vida;
cuando perdemos su egida
de nada nos sirve el oro.
Con la fe nuestra razón
comprende de Dios el nombre,
porque la fe es para el hombre
¡La tierra de promisión!

Amalia Domingo Soler


DUDA Y FE

¿De dónde vengo? No sé.
¿Hacia dónde voy? Lo ignoro;
sólo sé que vierto lloro
y que me falta la fe.

Sólo sé que voy buscando
lo que nunca pude hallar,
ya me canso de esperar,
¿Cuándo podré llegar, cuándo…?

¿Cuándo encontrará mi alma
el mundo que en mundos vio?
¿Dónde el aura respiró
de la más plácida calma?

¿Cuándo el librepensamiento,
grande, osado, omnipotente,
sentirá ese amor ardiente
que sublima el sentimiento?

Amor inmenso, profundo,
no el que antes un ser se esclaviza
sino el que nos diviniza
porque se consagra al mundo.

Amor que no pide nada,
que para sí no ambiciona;
amor que al orbe eslabona
con su potente mirada.

¿Dónde ¡Oh! Sentimiento estás
que te busca mi deseo?
¿Dónde? Miro y… no te veo…
¿No te encontraré jamás…?

¿Seguiré siempre viviendo
esta vida estacionaria,
esta vida rutinaria
donde existimos muriendo?

Donde el hombre sufre tanto
que compra el placer de un día
con un mundo de agonía
que lo fertiliza el llanto

¡Ah! No, no; no puede ser,
esto tiene que cambiar,
tenemos que progresar
para borrar nuestro ayer.

¿Y qué escuela me dará
la más concreta enseñanza,
por la cual el hombre avanza
y sabe hacia dónde va?

¿Qué dogma, qué religión
podrá tener un profeta
que nos demuestre la meta
de la humana perfección?

Las naciones primitivas
¿Qué religiones tuvieron?
Entre utopías se perdieron
y de ellas fueron cautivas.

Nuevas civilizaciones
trajeron nuevos abusos,
prostituyendo los usos
de las más grandes naciones.

Grecia y roma espejo son
de los siglos que pasaron;
Grecia y Roma nos legaron
la tisis de la razón.

Dolencia que poco a poco
le fue al hombre confundiendo
y el vulgo dice riendo:
¡Un sabio, un sabio es un loco!

Y es que el hombre pensador
encuentra que algo le falta,
duda terrible le asalta,
pues duda del Hacedor.

Y ¡Hay! Del que llega a dudar,
porque sufre tanto…, tanto,
que las gotas de su llanto
forman el agua del mar.

¡Oh! Qué bien dijo Voltaire:
para ir de la vida en pos
habría que inventar un Dios
si no existiera el gran Ser.

Mas yo el Dios de la venganza
que pintan las tradiciones,
con las terribles mansiones
donde muere la esperanza.

Ni le acepto ni le quiero,
que más grande le concibo;
justo, sabio, equitativo,
no siendo así, en nada espero.

Y vivir sin esperar,
es lo mismo que pedir
que olvide el pulso, el latir
y el pensamiento pensar.

En algo se ha de creer,
que un hombre sin una idea
nada siente, nada crea,
y se duerme en el no ser.

Para algo he venido aquí,
sin la lucha no hay victoria,
quiero dejar en la historia
algún recuerdo de mí.

Quiero que la Caridad
me envuelva con su esplendor,
y me haga sentir amor
por toda la humanidad.

¿Y en qué escuela encontraré
se haga el bien por el bien mismo?
Sólo en el Espiritismo
Mi sueño realizaré.

El me enseñará a sentir,
él me impulsará a querer,
él me inducirá a creer
en Dios y en el porvenir.

Ciencia, dogma, religión,
como quiera que te llames,
yo te suplico que inflames
la hoguera de mi razón.

Que hoy tiene por combustible
sed de lo desconocido
algo, de un algo perdido
en lo incierto y lo imposible.

¡Espiritismo profundo!,
dicen... que tus sabias leyes
a los siervos y a los reyes
los iguales en el mundo.

Dicen... que ya el mundo ha visto
cuanto con tu ley se avanza,
cuando en la humana balanza
venció el progreso de Cristo.

¡Gloria a ti, si tanto vales!
¡Bendito! ¡Bendito seas...!
Que apartas nuestras ideas
de los hechos materiales.

Déjame tener el vuelo,
Vestirme con nuevas galas,
y de la razón en alas
volar, volar hasta el cielo.

¿De dónde vengo? No sé,
mas queriendo progresar
si a otros he visto llegar,
tras ellos yo llegaré...

Si el progreso refractario
ha sido mi entendimiento,
hoy tengo fuerza y aliento
para subir al calvario.

¡Espiritismo!, la luz
difundes con tu doctrina,
por ti tranquilo camina
cada mortal con su cruz.

¡Bendita sea tu misión!
¡Bendito tu amor profundo!
Tú nos das un nuevo mundo
de racional convicción.

Tú nos haces comprender
que en la ley universal
el dolor de cada cual
tiene su razón de ser.

Conociéndose a sí mismo,
el hombre comprende a Dios;
¡Bien haya del que va en pos
del justo racionalismo!

El racionalismo es
del Espiritismo emblema;
él ha resultado el problema
del antes y del después.

Lógica definición,
síntesis de la verdad,
no hay ley de fatalidad
sino de compensación.

¿Sabré progresar? ¡Oh! Sí;
porque querer es poder;
y siento en mi mente arder
lo que yo nunca sentí.

Pasó, paso a la razón
para buscar en la ciencia
la eterna supervivencia
que tiene en sí la creación.

Paso a un algo que en mí arde,
grande, potente, infinito;
yo progresar necesito,
y para Dios nunca es tarde.

Amalia Domingo Soler

 


A SALVADOR SELLES

¿De dónde vienes poeta?
¿En qué región, di; en qué mundo
recogió tu mente inquieta,
algo gigante y profundo?

No es de aquí tu pensamiento,
ni cuanto en tu ser se encierra
de ternura y sentimiento;
¡Es tan distinto tu acento
de los hijos de la tierra!

¡Genio entusiasta y ardiente!
Cuéntame algo de tu ayer;
¿Por qué has dejado tu oriente?
Por qué has venido a Occidente
para amar y padecer?

¿Tanto has llegado a pecar,
que a este mundo de expiación
te tuvieron que enviar?
¿Te llegaste a rebelar
en tu ardiente inspiración?

Algo de esto debe ser;
en tu pasada existencia
quizá llegaste a creer
en tu osada inteligencia.

Y hoy por eso estás aquí,
en un humilde rincón,
soñando en tu frenesí,
viendo pasar ante ti
mil sombras de tentación.

Porque tu genio fecundo,
tu inspiración sobrehumana
y tu talento profundo
no son hijos de este mundo,
pertenecen al mañana.

El que llora sus amores
con tan triste desconsuelo
y lamenta los horrores
de esos genios destructores,
no es de la tierra, es del cielo.

¡Espíritu noble y fuerte!
¡De otras regiones cantor!
Aquí llorarán tu muerte,
aquí sentirán perderte,
genio de paz y de amor.

Mas aquellos que soñamos
en otros mundos mejores,
tu estancia aquí lamentamos
aunque aliento recobramos
con el ámbar de tus flores.

Pero tú debes vivir
donde brille la verdad;
quien cual tú sabe sentir,
¡Su vida... su porvenir...
su mundo es... la eternidad!

Amalia Domingo Soler


¿QUÉ SOY YO?

¿Qué soy yo en medio del mundo?
El eco de una querella,
algo de un dolor profundo
perdido en el polvo inmundo
sin dejar tras de mí huella.
Voy huyendo del ayer,
y en mañana quiero hallar
el secreto de saber,
si es que se muere al nacer
o se vive al expirar.
Hay horas en la existencia
benditas por el Señor,
en que duerme la conciencia:
y en su sueño de inocencia
ve a la sombra del amor.
Pero de un amor gigante
noble, santo, inmaterial,
que sólo dura un instante:
reflejo puro y radiante
de otro mundo celestial.
¡De otro mundo...! Gran problema
que busca la humanidad;
sol que nuestra frente quema,
misericordia suprema
de infinita voluntad.
¡Otro mundo!, gran misterio
que el ser material negó;
diciendo que este hemisferio
fue todo lo que encontró.
En tanto que el cristianismo
esperó en la eternidad;
y el grandioso Espiritismo
miró en la tierra el abismo
donde gime la humanidad
Y más allá vio lucir
con mágico resplandor
el astro del porvenir
que dice: "Para vivir
al hombre lo hizo el Creador".
Para vivir sin fatiga,
para vivir sin afán
existencias le prodiga;
tendiendo su mano amiga
a los que vienen y van.
¡Si esto es cierto! ¿Qué soy yo?
¿Dónde voy?, no lo sé;
¿Qué globo abrigo me dio?
¿Qué mundos mi mente vio?
¿Cuántos planetas veré?
¿O todo termina aquí?
Sería muy triste nacer
viviendo cual yo viví
pensando que tras de mí
no hay ni mañana ni ayer.
¡Dios clemente! Yo te imploro
que con tu mágica luz,
ilumines cuanto ignoro,
mostrándome el gran tesoro
en la historia de la cruz.
¡La cruz!... ¡Grandiosa epopeya!
Los siglos no borrarán,
jamás tu indeleble huella;
será la polar estrella,
de los que vienen y van.

Amalia Domingo Soler